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sábado, 30 de octubre de 2010

Coronda avanza con Macro Túneles y Frutillas


Reproducimos una nota publicada en El Litoral del día de la fecha. Es importante su lectura, para comprender como el mercado local se desarrolla de la mano de la tecnología y la innovación.

En España cubren con sus siluetas alargadas más de 5.500 hectáreas. En México, ya superan las 2.500. En otros países del mundo, los macrotúneles se multiplican al ritmo de la creciente demanda de alimentos. En nuestro país, si bien todavía cubren un área incipiente, registran un crecimiento importante en los últimos años, motivado por los beneficios que implica para el productor frutihortícola.

“No son invernaderos, sino estructuras livianas de acero, fáciles de montar y desarmar, aptas para la producción de berries y otros cultivos de acuerdo a la necesidad de cada zona”, nos aclara el Ing. Agr. David Piumatti, integrante de la Comisión Frutihortícola del Ministerio de la Producción y de la Comisión de Cultivos Intensivos del Colegio de Ingenieros Agrónomos de la Provincia de Santa Fe.

Este especialista, quien también representa a una importante firma multinacional con sede en Coronda, es una de las personas que más ha recorrido la producción de frutilla o fresa en todo el mundo, trayendo la idea de replicar este sistema de producción a Coronda. “Esta empresa se instaló en Coronda para estar cerca de la producción estable de frutilla. Se trabaja cerca del cultivo porque es la base de fruta de la mayoría de los preparados de los yogures a nivel mundial”, especifica.

Según Piumatti, una empresa grande con varias filiales en lugares estratégicos del mundo, siempre tiene pedidos estables y puede garantizarse la venta de frutas. Además, esa continuidad asegura un empuje muy importante para la producción. “La industria absorbe la fruta que el agricultor deja de mandar al mercado fresco por exceso de oferta o por bajos precios, aunque la fruta con destino industrial debe ser de buena calidad porque termina en un yogurt que satisface a cualquier consumidor”, garantiza.

Las industrias reciben la fruta fresca y tamañada, de acuerdo a especificaciones fijadas de antemano, para luego seleccionarlas, acondicionarlas y congelarlas con el sistema IQF (Congelado Rápido Individual) manteniendo así las características originales de la fruta. Luego, la exportación de esta fruta se realiza en todas sus formas (cubos, slices, enteras, etc.) a mercados tan exigentes como EE.UU, Canadá, Francia, Austria, Brasil, entre otros; mientras que otra parte de la fruta congelada se destina al mercado local para su uso en yogures, jugos, pulpas, helados, etc

Virtudes y desventajas

“Antes el productor plantaba sin tener claro los objetivos, en cambio hoy planifica su producción, su cosecha, su logística y comercialización”, explica Piumatti, en referencia al cambio de mentalidad de muchos productores, lo que ha traído de la mano la incorporación de este tipo de tecnologías para nuestra zona.

De hecho, todavía mucha gente recuerda la frutilla pequeña de Coronda, con la que se obtenían 4.000 kg. /ha. “Hoy ni se cubrirían los costos”, dice. Al respecto, actualmente se busca obtener y plantar variedades con alto potencial de rendimiento, cuya fruta sea grande, brillosa, con altos grados “brix”, de forma cónica y con capacidad de resistencia al transporte y a la comercialización, ya que son enviadas para su venta a todo el país. Hoy se buscan alcanzar altos rendimientos por ha para amortiguar los elevados costos de producción que tiene el cultivo.

Un problema importante y crítico (además de la baja rentabilidad) que está atravesando el sector es la escasez de mano de obra para las labores de cosecha y despalillado de la frutilla. Son varios los motivos por los cuales hoy existen inconvenientes en la disponibilidad estable de mano de obra (recordar que la cosecha se prolonga por 5 meses y medio); una legislación laboral no acorde al cultivo, y planes sociales que seducen al trabajador temporario. La falta de cosecheros y la retirada anticipada de los mismos (en su gran mayoría de la provincia del Chaco), provocan que los lotes de frutillas comiencen a atrasarse, provocando grandes pérdidas en la calidad y cantidad de fruta. La misma al madurarse en exceso es susceptible al desarrollo de plagas y enfermedades que una vez que invaden el cultivo se hacen imposibles de controlar.

Necesidad

Otro serio problema que sufren los productores es la falta de inscripción de productos fitosanitarios en los cultivos de frutilla, frambuesa, verduras de hoja y cultivos que si bien se consideran menores se consumen a diario. “Si el cultivo sufre el ataque de una plaga, el agricultor no tiene muchas herramientas para su control” se lamenta Piumatti. Como alternativa se está intentando producir cultivos orgánicos, pero se hace muy difícil en nuestra zona por las condiciones climáticas desfavorables reinantes. Además no hay todavía un diferencial de precio entre la fruta orgánica de la tradicional que justifique su producción. “Aquí estamos con la suma necesidad de incorporar productos fitosanitarios a diferentes cultivos. La legislación argentina no tiene concordancia alguna con respecto a la de los países desarrollados como EEUU y la CE, ni siquiera con la del Mercosur, ya que Uruguay, Brasil y Chile tienen una legislación de productos habilitados muy diferente a la nuestra”. Además agrega “si le preguntan a cualquier chacarero, sabe que se produce un acostumbramiento de la plaga a un mismo ingrediente activo y que con el paso del tiempo ni siquiera ese producto servirá para prevenirla o combatirla”.

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